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LA PRUEBA PISA… EL REFLEJO DE UNA REALIDAD QUE NO SE QUIERE ASUMIR EN MÉXICO
Antonieta Vera Hernández
Opinión de AVH

10 Sep 2026

 


Los resultados de la prueba PISA 2025 vuelven a poner frente a nosotros una realidad que, aunque incómoda, no debería sorprendernos. El 8 de  septiembre de 2026, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer los resultados de la novena edición de esta evaluación internacional, aplicada a estudiantes de 15 años de 91 países y economías.


México obtuvo, en promedio, 414 puntos en ciencias, 388 en matemáticas y 408 en lectura, resultados inferiores al promedio de la OCDE, que fue de 482, 463 y 461 puntos, respectivamente. En matemáticas, además, el resultado mexicano disminuyó siete puntos respecto de 2022; en lectura también disminuyó siete puntos, aunque en este último caso el cambio NO fue estadísticamente significativo. En ciencias, el resultado se mantuvo prácticamente estable respecto de 2022.


Pero quizá el dato que más debería preocuparnos NO es solamente la posición que ocupa México frente a otros países, sino la magnitud del rezago. De acuerdo con la OCDE, apenas 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño en matemáticas,  frente a 65% del promedio de la OCDE. En lectura y ciencias, alrededor de la mitad de nuestros estudiantes alcanzó ese nivel mínimo, frente a 69% y 74%, respectivamente, en el promedio de los países de la OCDE.


NO estamos frente a un problema surgido ayer, ni frente a una generación de jóvenes que haya fracasado. Estamos frente a un rezago educativo que se ha construido durante décadas y que, desafortunadamente, NO ha logrado ser atendido mediante una política pública suficientemente consistente, sostenida y enfocada, NO necesariamente a abatir de  inmediato la brecha, porque sería poco realista pensarlo así, pero sí a disminuirla de manera progresiva y medible.


Por eso considero importante evitar una lectura simplista de PISA. NO se trata de utilizar sus resultados para señalar culpables de manera coyuntural, ni mucho menos para descalificar a nuestras niñas, niños y adolescentes. Al contrario, si algo muestran estos resultados es que nuestros jóvenes necesitan mejores oportunidades para desarrollar sus capacidades.


Tampoco podemos olvidar que detrás de cada porcentaje existe una historia. Hay estudiantes que enfrentan desigualdad, carencias económicas, escuelas con recursos insuficientes, brechas tecnológicas, contextos familiares complejos y, en algunas regiones, entornos marcados por la violencia. Pretender que todos parten del mismo punto sería ignorar una parte esencial del problema.


La educación, además, NO puede analizarse como un asunto aislado. Tiene  una relación directa con el desarrollo económico, la movilidad social, la  participación ciudadana y, desde luego, con la prevención de la violencia.


Un adolescente que abandona la escuela, que NO encuentra oportunidades para desarrollar sus capacidades o que permanece excluido de un proceso educativo de calidad se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad frente a distintos factores de riesgo.


Y aquí es donde debemos hablar de justicia preventiva; ello solo, si queremos construir una política de seguridad que vaya más allá de reaccionar cuando el delito ya ocurrió, tenemos que mirar lo que sucede mucho antes, en las escuelas, en las familias y en las comunidades. 


Prevenir también significa garantizar que una niña, un niño o un adolescente tenga acceso a una educación que le permita comprender, cuestionar, crear, decidir y construir un proyecto de vida.


Los resultados de PISA tampoco deben llevarnos a una visión pesimista de nuestra juventud. Hay un dato que merece ser reconocido, la propia evaluación muestra niveles relativamente altos de perseverancia entre los estudiante mexicanos. Es decir, tenemos jóvenes con capacidades y disposición para aprender; el desafío está en generar las condiciones  educativas que permitan transformar ese potencial en aprendizaje y oportunidades reales.


Por ello, más que preguntarnos quién tiene la culpa de los resultados de PISA 2025, deberíamos preguntarnos qué vamos a hacer con ellos. Los datos pueden convertirse en una herramienta para diseñar mejores políticas públicas o, simplemente, en una noticia que desaparezca de la conversación pública después de algunos días.


México necesita una política educativa de largo plazo que trascienda los ciclos políticos, que fortalezca a sus docentes,  mejore las condiciones de las escuelas, reduzca las brechas de aprendizaje y utilice la evaluación como instrumento para corregir, NO para maquillar realidades. NO se trata únicamente de obtener mejores números en una prueba internacional; se trata de formar personas capaces de enfrentar los desafíos de sus tiempos.


PISA NO es el problema. PISA es el espejo. Y quizá lo verdaderamente difícil NO sea mirar el reflejo, sino asumir aquello que durante años hemos preferido NO ver.


La justicia preventiva NO comienza cuando llega un expediente a un juzgado. Comienza mucho antes, cuando una niña puede permanecer en la escuela; cuando un adolescente encuentra una oportunidad antes de que la violencia encuentre un espacio en su vida; cuando aprender deja de ser un privilegio y se convierte, efectivamente, en un derecho.


Los resultados están sobre la mesa. Ahora corresponde convertirlos en decisiones. Porque disminuir el rezago educativo NO es solamente una obligación institucional; es, una responsabilidad con el presente y, sobre todo, con el futuro de México.


DRA. MARÍA ANTONIETA VERA HERNÁNDEZ


Secretaria Estatal de la Mujer – CONAMEX


Delegación Estatal Veracruz


mary.vera.hdez@gmail.com 


DMB

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