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MÁS ALLÁ DE UN “ACCIDENTE”
EL CASO DE LA ENFERMERA Y EL INCIDENTE VIAL.
Antonieta Vera Hernández
Opinión de AVH

12 Feb 2026

 


Desde una perspectiva estrictamente jurídica, este tipo de hechos suelen encuadrarse, en un


primer análisis, dentro de los delitos de lesiones u homicidio culposo, en la medida en que derivan


de una conducta imprudente o carente de la debida precaución.


No obstante, el presente caso contiene un elemento determinante que rompe con la lógica de la


culpa y obliga a una recalificación jurídica de mayor gravedad: el “arrastre” deliberado del


motociclista por debajo del vehículo tras el impacto inicial.


Dicho elemento constituye el punto de inflexión jurídico; pues, a partir de ese momento la conducta


desplegada por la conductora deja de ser meramente imprudente y se aproxima al ámbito del dolo


eventual; es decir, al continuar la marcha con la víctima atrapada bajo el automóvil, debió


representarse la probabilidad de ocasionarle la muerte y, aun con dicha representación, aceptó el


resultado lesivo, al no detenerse de inmediato.


La fricción constante con el asfalto, el peso del vehículo y la distancia recorrida hacen lógicamente


previsible un desenlace fatal; por lo que el resultado no puede considerarse fortuito ni ajeno a la


voluntad consciente de quien persistió en una conducta objetivamente idónea para producir la


muerte.


En consecuencia, el hecho trasciende de la noción de “accidente”, configurándose jurídicamente el


delito de homicidio cometido con dolo eventual, aunado al delito de omisión de auxilio.


Resulta jurídicamente insostenible la pretensión defensiva de encuadrar la conducta en una


supuesta legítima defensa bajo el argumento de un intento de asalto, pues no existe evidencia


pública que acredite una agresión real, actual o inminente por parte del motociclista. El material


videográfico difundido no muestra arma alguna ni una acción inequívoca de ataque que justificara


una reacción defensiva proporcional.


Por el contrario, de los hechos conocidos públicamente se advierte que el evento tuvo origen en un


accidente de tránsito que, lejos de agotarse en la colisión inicial, fue seguido por una conducta


activa y consciente consistente en pasar por encima de la víctima y arrastrarla varios metros. Aun


si se aceptara un estado de alteración emocional posterior al impacto, ello no elimina la


representación del resultado fatal. Continuar la marcha con una persona atrapada bajo el vehículo


constituye una acción idónea para causar la muerte; y quien persiste en dicha conducta


necesariamente debe representarse esa probabilidad y aceptarla, actualizándose así el dolo


eventual.


Asimismo, debe precisarse que la presente opinión se formula exclusivamente con base en la


información difundida por los medios de comunicación, toda vez que no se tiene acceso directo a la


carpeta de investigación ni a los datos de prueba oficialmente integrados por la autoridad


ministerial. De contar con el expediente completo, el análisis podría ser aún más preciso; sin


embargo, incluso desde esta perspectiva limitada, la narrativa defensiva basada en un supuesto


intento de asalto carece de sustento objetivo.


Resulta igualmente relevante señalar que las personas que documentaron los hechos mediante


grabaciones audiovisuales, aun teniendo la posibilidad material de intervenir, optaron por no


hacerlo, privilegiando la captación del suceso sobre la acción de auxilio. Esta conducta refleja una


preocupante deshumanización social donde el morbo se antepone al deber ético de solidaridad.


 


DRA. MARÍA ANTONIETA VERA HERNÁNDEZ


Secretaria Estatal de la Mujer - CONAMEX


Delegación Estatal Veracruz

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