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SEÑALES
Cecilio García Cruz
Jesús te Ampare

07 Sep 2026

 


Algo se mueve en Veracruz. Y cuando en política comienzan a aparecer señales, conviene observar no solamente quién habla con quién, sino quién está sentado alrededor de la mesa.


Héctor Yunes Landa, diputado local y presidente de Alianza Generacional; José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla, excandidato a gobernador de Veracruz; y Dante Delgado, fundador y referente histórico de Movimiento Ciudadano, mantienen conversaciones que empiezan a despertar interés en los círculos políticos del estado.


No son improvisados.


Y mucho menos políticos sin territorio.


Dante Delgado es el más experimentado que permanece activo en la política nacional.


Ha sido gobernador de Veracruz, senador, diputado federal, dirigente partidista y constructor de una fuerza política nacional.


Conoce las entrañas del poder, pero también los tiempos, las lealtades y las rupturas.


Dante sabe algo que pocos dominan: esperar.


No suele mover una pieza sin calcular qué puede ocurrir varias jugadas después. Movimiento Ciudadano es, en buena medida, resultado de esa capacidad para sobrevivir, negociar y construir espacios cuando otros daban por terminada su carrera política.


Héctor Yunes tampoco necesita presentación en Veracruz. Su trayectoria incluye el Senado de la República, diputaciones federal y local, responsabilidades dentro del PRI y una candidatura a la gubernatura en 2016. A ello suma una red política construida durante décadas y una estructura propia que ha buscado mantener vigente a través de Alianza Generacional.


Pepe Yunes representa otro activo.


Exsenador, exdiputado federal, exalcalde de Perote y dos veces candidato a la gubernatura de Veracruz, en 2018 y 2024, conoce prácticamente cada región del estado y conserva interlocución con sectores empresariales, políticos y sociales. En la elección de 2024 encabezó la coalición opositora que enfrentó a Rocío Nahle.


Por eso las conversaciones importan.


Que Dante, Héctor y Pepe dialoguen no significa que exista ya una alianza electoral. Sería prematuro afirmarlo. Pero quienes conocen de política saben que los grandes acuerdos rara vez comienzan con fotografías y discursos.


Primero vienen los encuentros.


Después, las coincidencias.


Y finalmente, si las circunstancias lo permiten, los consensos.


La pregunta que comienza a recorrer Veracruz es inevitable:


¿Se construye desde ahora una plataforma opositora rumbo a 2030?


La hipótesis resulta especialmente interesante porque una eventual convergencia no tendría únicamente nombres. Dispondría experiencia, estructura territorial, relaciones políticas, operadores y memoria electoral.


Y ahí aparece nuevamente Dante.


A sus décadas de experiencia política habría que agregarle algo fundamental: conoce personalmente a buena parte de quienes han construido el poder político veracruzano durante los últimos cuarenta años. Sabe quién representa votos, quién estructura, quién negocia y quién solamente aparece en las fotografías.


Si consigue acercar posiciones entre antiguos adversarios y convertir diferencias históricas en objetivos comunes, Movimiento Ciudadano podría convertirse en el eje articulador de una oposición veracruzana mucho más competitiva.


El objetivo político sería evidente: disputar seriamente el poder que hoy encabeza Morena con Rocío Nahle y construir desde antes una alternativa vigorosa para la sucesión de 2030.


Faltan cuatro años. Una eternidad en política.


Habrá elecciones intermedias, cambios de dirigencias, rupturas, incorporaciones y seguramente nuevas alianzas. Nada garantiza que estas conversaciones terminen en un frente electoral.


Pero existe una máxima que Dante Delgado conoce perfectamente: las elecciones importantes no comienzan durante las campañas. Se construyen mucho antes.


Por eso hay que observar las señales.


Héctor tiene estructura y oficio.


Pepe conserva capital político y experiencia electoral.


Dante tiene algo todavía más difícil de adquirir: décadas entendiendo cómo se conquista, se pierde y se recupera el poder.


Por separado, los tres pesan.


Sentados en una misma mesa, pueden incomodar.


Si convierten las conversaciones en acuerdos y los acuerdos en una verdadera estructura opositora, entonces la historia sería distinta.


Porque juntos podrían ser más que una dinamita.

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