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2027… PRUEBA DE FUEGO 
Cecilio García Cruz
Jesús te Ampare

01 Sep 2026

 


La elección de 2027 todavía parece lejana, pero en los cuartos de guerra de los partidos políticos ya comenzó.


Y no será una elección cualquiera.


Diecisiete gubernaturas estarán en juego. También se renovará la Cámara de Diputados y estarán en disputa congresos locales, presidencias municipales y miles de cargos públicos.


Pero detrás de todo ello existe una batalla mayor: la sucesión presidencial de 2030.


Quien controle territorio en 2027 tendrá alcaldes, congresos, presupuesto, operadores, estructuras electorales y capacidad de movilización para llegar fortalecido a la siguiente elección presidencial.


Por eso, 2027 será mucho más que una elección intermedia.


Será el primer gran examen territorial del gobierno de Sheinbaum.


Y aunque Morena sigue siendo la fuerza política dominante del país, sería un error pensar que tiene asegurada la victoria.


Se habla incluso de un escenario extremo en el que el partido oficial podría perder hasta ocho gubernaturas. 


Hoy las encuestas no permiten presentar esa cifra como una predicción; es, en todo caso, una hipótesis política que dependería de que coincidan varios factores: desgaste de gobiernos locales, inseguridad, malos candidatos, fracturas dentro de la 4T y, sobre todo, una oposición capaz de competir unida.


Ahí está la clave.


Porque si Morena, PT y PVEM llegan juntos, mientras PAN, PRI y Movimiento Ciudadano dividen el voto opositor, muchas elecciones podrían convertirse prácticamente en un trámite.


No necesariamente porque Morena sea invencible.


Sino porque enfrente tendría cuatro oposiciones pequeñas peleando contra una maquinaria grande.


Estructura territorial, programas sociales, recursos políticos, gobiernos estatales y municipales y el enorme escaparate que proporciona gobernar desde Palacio Nacional constituyen ventajas que ningún estratega serio puede ignorar.


Además, el oficialismo ha trabajado para mantener cohesionada su alianza. En junio se reportaba un acuerdo Morena-PT-PVEM para competir juntos en 16 de las 17 gubernaturas, aunque posteriormente Verde y PT han mostrado que también están dispuestos a medir fuerzas por separado donde consideren que sus intereses no son respetados.


Ahí aparece una primera grieta.


Porque Morena tiene fuerza, pero también posee un desgaste muy marcado. 


Algunas administraciones estatales llegarán a 2027 cargando problemas de inseguridad, cuestionamientos políticos, conflictos internos y gobernadores cuya popularidad ya no necesariamente puede transferirse al candidato que pretenda sucederlos.


Una fotografía reciente de las encuestas coloca a Morena o a su coalición como puntero en la mayoría de las 17 contiendas; PAN conserva posiciones competitivas especialmente en Aguascalientes y Querétaro.


¿Morena podría perder ocho gubernaturas?


La respuesta conduce inevitablemente a la oposición.


 Si PAN, PRI y MC llegan separados —cada dirigente defendiendo su parcela, cada partido calculando sus prerrogativas y cada candidato creyéndose indispensable— Morena tendrá medio camino recorrido.


Pero si logran construir candidaturas comunes en los estados realmente competitivos, entonces cambia la aritmética.


No porque de pronto millones de mexicanos vuelvan a reconciliarse con el PRI.


Ni porque exista un factor sentimental con el PAN.


Mucho menos porque Movimiento Ciudadano pueda conquistar por sí solo medio país.


El verdadero combustible opositor sería otro: el voto de contrapeso.


Ese ciudadano que puede beneficiarse de un programa social y, al mismo tiempo, considerar peligroso que una sola fuerza concentre demasiado poder.


Ese elector que no quiere regresar al pasado, pero tampoco entregar un cheque en blanco hacia el futuro.


Ahí puede estar la elección.


Y Morena lo sabe.


La oposición también debería saberlo.


Por eso la verdadera batalla de 2027 quizá no comience en las urnas, sino varios meses antes, entre septiembre de 2026 y los primeros meses de 2027, cuando se definan coaliciones, candidaturas y acuerdos.


Será una guerra de calculadoras antes que de discursos.


Habrá estados donde Morena podrá ganar con comodidad. Otros donde PAN conservará fortalezas históricas. Y habrá un tercer grupo —el verdaderamente importante— donde una diferencia relativamente pequeña podrá convertir una elección predecible en una batalla cerrada.


Es precisamente ahí donde se decidirá el tamaño de la 4T rumbo a 2030.

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