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![]() | Miguel Ángel Ramírez Topete De frente con Topete |
13 Mar 2025
La mayoría de las personas que acuden a los tribunales para resolver sus problemas ya llevan las de perder. Perder dinero, perder tiempo, perder amistad o al amor de su vida, perder a los hijos, o perder la razón por los corajes… pero siempre perder.
Esto significa que, sí ya es bastante difícil lidiar con un pleito legal, más difícil es buscar la justicia con barreras generadas por la propia sociedad debido a la falta de consciencia sobre los problemas que se presentan para sectores vulnerables, tales como las personas con diversidad funcional -mal llamadas personas con “discapacidad” o “incapacidad”-, en concreto, las personas con el espectro autista.
Por tanto, resulta fundamental que los magistrados federales procuren la asistencia adecuada a lo largo de los procedimientos en los que se vean involucrados los derechos de estas personas, con el objeto de que entiendan debidamente lo que se resuelve en su favor o en su contra, así como los motivos de la decisión tomada.
Estas personas requieren de asesorías y condiciones que se adapten a las características propias que los identifican, las cuales han pasado comúnmente inadvertidas por la sociedad.
De acuerdo con los criterios diagnósticos, las personas autistas pueden sentir y percibir comportamientos sociales, humor, o la trascendencia de un problema bajo parámetros muy diferentes, dependiendo del grado del espectro.
Para esto, se requiere dotar a los magistrados de una sensibilidad a través de la cual permitan la participación en los procesos judiciales de asesores técnicos especializados en la salud, quienes no sólo proporcionarán un acercamiento al entendimiento de las personas autistas, sino también de generar progresivamente una consciencia en apoyo a este grupo que representa un nicho muy significante en el desarrollo social.