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![]() | Miguel Ángel Ramírez Topete De frente con Topete |
26 Feb 2025
La reforma judicial reclama una justicia elegida por el pueblo y para el pueblo, permitiendo el acceso a personas que gozan de buena reputación y que cuentan con las capacidades jurídicas para afrontar los retos que vienen, un poder judicial federal nuevo y orgánico, para lo cual surgen preguntas como “a cuál candidato se debe apoyar?” o “qué tipo de juez o magistrado quiero tener?”.
Algunos con carrera judicial y otros sin ella, serán estos jueces y magistrados los que tomarán las últimas decisiones en los procedimientos jurisdiccionales de los ciudadanos, de manera que es necesario conocer el perfil de cada uno, pero más importante aún es la paciencia necesaria para acudir a votar… debidamente.
Mucho se ha dicho sobre los pros y los contras de una iniciativa constitucional promovida por la primera presidenta de México, quien con una aplastante mayoría en el Congreso de la Unión llevará a todos los mexicanos a las urnas para decidir quiénes serán sus futuros jueces y magistrados del Poder Judicial de la Federación.
Este proceso representa grandes retos, no solamente en el ámbito presupuestal e institucional, sino también para los mismos candidatos, quienes buscan ocupar alguno de los lugares por medio de la ya muy conocida, pero a la vez transparente tómbola, los que deberán ser cautelosos con lo que ingresa y sale de sus bolsillos ante la posibilidad de ser sancionados, e incluso descartadas del proceso.
Este ejercicio democrático se ha visto aún más cuestionado por las famosas boletas electorales, donde se deberá prestar especial atención al origen de los candidatos, es decir, quién los propone -poder ejecutivo, legislativo o judicial-, para qué materia se postulan, su experiencia profesional, y el número que ocupan en la lista; a reserva que, de equivocarse el votante, podrá anularse su voto; lo que los obliga a leer cuidadosamente el número de los candidatos preferidos y representa evidentemente un mayor tiempo a la hora de acudir a las urnas.
Son todos los aspirantes quienes, ante múltiples dudas sobre cómo se llevará a cabo este proceso, se arriesgan a lo desconocido para ser parte de una nueva generación de juzgadores que buscan cuidar de las personas a través de sus sentencias, lo que implica nuevos retos para convencer al electorado y demostrarles que son la mejor opción.
Sea cual sea el resultado, el primero de junio los veracruzanos festejarán la victoria, condenarán la derrota, o quedarán en la incertidumbre sobre las personas que tendrán la última decisión de sus juicios, sean penales, civiles, familiares, o cualquier otro, como la condena de una pensión alimenticia, la custodia de un niño, la condena de un delito, o el cobro de una deuda. De cualquier manera, serán los propios ciudadanos quienes votarán para determinar si esa última decisión termina en manos de alguien preparado… o no.