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![]() | Cecilio García Cruz Jesús te Ampare |
02 Ago 2024
Hay políticos extrovertidos y otros que les cuesta trabajo expresarse ante la opinión pública.
Algunos sufren el llamado pánico escénico que no es otra cosa que el miedo a hablar en público. Es una forma de ansiedad frecuente.
Puede variar desde un nerviosismo leve a un miedo paralizante y de pánico.
La lengua es un órgano muscular situado en la cavidad de la boca de los vertebrados y que sirve para gustar y deglutir, así como para modular sonidos.
Es la que da vigor al ser humano, porque con ésta se miente, se calumnia, se insulta, se rompen relaciones.
Es el órgano de la blasfemia, la impiedad, el cinismo y la traición.
Con la lengua se pueden emitir sonidos como: “Es puro show; cuando sea algo serio, me avisan” o “aunque sea lo último que haga en la vida, me cobraré la persecución contra mis hijos”.
Otros sonidos emitidos podrían ser “Ni show, ni provocaciones; Veracruz merece trabajo y compromiso”.
Según el escritor griego Esopo, la lengua es la madre de todos los pleitos y discusiones, el origen de las separaciones y las guerras.
Los políticos, a través de un micrófono, pueden emitir palabras de autoelogio que agotan mentalmente y se pierden entre el barullo de las ocurrencias palaciegas.
Entre los funcionarios de gobierno pululan los exabruptos y las ocurrencias irreflexivas verbales.
Ojalá que los sonidos que salen a través de la lengua sean todos positivos para bien de la sociedad de cualquier pueblo del mundo.
Está demostrado que desde un pódium –después del sonoro chasquido de dos dedos—se puede gobernar a un país.
A través de la lengua se puede generar la agenda del día, difundir actividades cotidianas o exhibir a todos aquellos considerados detractores.
Políticos…
¡Cuiden su lengua!