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Del Río Virgen… EL PECADOR ES OTRO

Xalapa, Veracruz - / Internet

Cecilio García Cruz | Xalapa, Veracruz | 02 Dic 2025 - 12:40hrs
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En un conocido restaurante de la Ciudad de México coincidí con José Manuel del Río Virgen, destacado funcionario de la Comisión de Vigilancia y responsable del área de Control y Evaluación del Congreso ante la Auditoría Superior de la Federación.
A unas mesas de distancia conversaba con altos funcionarios del gobierno federal,
como suele hacerlo quien conoce de cerca las entrañas del poder y los entramados políticos.
Con una señal —el brazo en alto— le envié un saludo amable desde mi asiento. Él respondió con esa sonrisa franca que distingue a los viejos amigos.
En cuanto la ocasión lo permitió, nos dimos un abrazo afectuoso y comenzamos una charla informal, pero no exenta de los temas que hoy sacuden a la opinión pública.
Sin rodeos, le pregunté:
—Estás muy mencionado en redes sociales; ¿por qué quieren “salpicarte” del tremendo pleito que sostienen el empresario Arturo Castagne Couturier con la gobernadora Rocío Nahle, relacionado con supuestas auditorías a la refinería Dos Bocas? ¿Qué comentario tienes al respecto? Del Río Virgen, sereno, casi pedagógico, respondió:
—Mira, es un pleito de dos y nada tiene que ver con mi actividad profesional en el Congreso de la Unión. Si yo tuviera este tipo de información, no la usaría para amedrentar ni para amenazar y menos para lastimar a alguien; lo mío es construir, no agredir ni denostar. No acostumbro al protagonismo, prefiero ser cauteloso y respetar la vida política de los funcionarios públicos. Mi vida está más apegada al bien que al mal.
Su explicación, firme pero cortés, me llevó a insistir:
—Entonces, ¿a qué atribuyes que quieran enfrentarte con la gobernadora Nahle?
Soltó una ligera carcajada, como quien sabe de qué está hecho el juego político:
—En política hay de todo, y tienes que aprender a tragar sapos, digerirlos y seguir adelante.
Sus palabras se quedaron suspendidas en el aire del café perfumado y la cristalería. Del Río Virgen conoce la sombra y la luz, la intriga y el reconocimiento; ha sobrevivido tempestades y acusaciones infundadas.
Justamente por eso, antes de despedirse, remató con una frase lapidaria que no necesita interpretación:
—El que la debe, la paga… el pecador es otro. Yo estoy en lo mío. Y mientras se alejaba rumbo a su mesa, quedó claro que en los laberintos del poder hay quienes prefieren hablar con golpes y quienes —como él— se mantienen firmes en la convicción de que la verdad, aunque tarde, siempre llega sin necesidad de estridencias.

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