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A oscuras… y sin respuesta
Cecilio García Cruz
Jesús te Ampare

18 Mar 2026

 


Los “nortes” en Veracruz no son novedad. Cada temporada llegan con la misma fuerza, el mismo estruendo y, lamentablemente, con las mismas consecuencias: árboles caídos, infraestructura dañada y comunidades enteras enfrentando la fragilidad de los servicios públicos. Lo que sí debería sorprender —y preocupar— es la reiterada incapacidad para responder con eficacia a sus efectos.


Uno de los daños más sensibles es, sin duda, la interrupción del suministro eléctrico. No se trata solo de una incomodidad: es un problema que paraliza hogares, afecta la seguridad, deteriora alimentos, impide el trabajo remoto y vulnera la vida cotidiana de cientos de familias.


Ahí está el caso concreto de la calle Xalapa, en el fraccionamiento Pomona. La vivienda marcada con el número 12 continúa, hasta hoy, sin energía eléctrica. No es un hecho aislado ni reciente. Se han levantado múltiples reportes —como el folio JO205475728— que, en teoría, deberían activar los protocolos de atención de la Comisión Federal de Electricidad. En la práctica, han caído en el vacío.


Lo más grave no es solo la falla técnica, sino la indiferencia institucional. Quienes han reportado el problema aseguran que sus solicitudes han sido ignoradas sistemáticamente. No hay seguimiento, no hay solución y, peor aún, no hay comunicación. El ciudadano queda atrapado en un limbo burocrático donde la urgencia no parece existir.


Esta situación expone una verdad incómoda: la resiliencia de la infraestructura no puede depender únicamente de la paciencia de la gente. La CFE no solo tiene la responsabilidad de generar y distribuir energía; tiene el deber de responder con prontitud, transparencia y respeto a quienes dependen de su servicio.


Los habitantes de la zona, con una mezcla de frustración y resignación, lo expresan de forma cruda: “parece que vivimos en Cuba”. La frase, más allá de su carga retórica, refleja una percepción de abandono, de atraso y de normalización de la precariedad.


Veracruz no puede acostumbrarse a vivir entre apagones y promesas incumplidas. Los fenómenos naturales no son excusa para la ineficiencia permanente. Si los “nortes” son inevitables, la falta de respuesta no debería serlo.


Porque cuando la luz se va, no solo se apagan los focos. También se oscurece la confianza ciudadana.

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