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![]() | Cecilio García Cruz Jesús te Ampare |
16 Feb 2026
Desde su llegada al poder, la pomposamente llamada 4T ha construido un régimen sostenido en una mezcla peligrosa: poder concentrado, autoritarismo disfrazado de popularidad, arrogancia política, corrupción selectiva, impunidad institucionalizada, intrigas palaciegas y una sed permanente de venganza contra todo aquel que piense diferente.
No es una exageración. Es el resultado natural de un proyecto que dejó de ser movimiento social para convertirse en maquinaria de control electoral.
Un aparato diseñado no para gobernar, sino para dominar. No para transformar, sino para perpetuarse.
La narrativa oficial habla de “pueblo”, “justicia social” y “honestidad”. Pero en los pasillos del poder se respira la ambición sin límites, luchas internas, traiciones silenciosas y pactos oscuros. Morena, que nació como una alternativa, hoy es un campo de batalla donde distintas facciones se disputan el botín político.
El odio no surgió de la nada. Es consecuencia de un sistema que premia la obediencia ciega y castiga la crítica. Donde disentir equivale a traicionar. Donde pensar diferente convierte al ciudadano en enemigo.
Así se siembran rencores, se profundizan fracturas y se alimenta la confrontación incesante.
La división interna es hoy uno de los mayores males del oficialismo. Grupos que se atacan, se exhiben y se sabotean entre sí, no por ideales, sino por posiciones, contratos, presupuestos y protección.
No pelean por el país. Pelean por el poder. Porque el poder, en este régimen, no es un medio, es un fin.
Y después viene el segundo objetivo: conservarlo a toda costa. No para servir, sino para servirse y blindarse. Para mantener el fuero. Para evitar rendir cuentas. Para escapar de la justicia. Para dormir tranquilos sabiendo que ningún juez, ningún fiscal y ningún tribunal se atreverá a tocarlos.
La permanencia en el poder se ha vuelto una cuestión de supervivencia política —y en muchos casos, legal—. Dejar el cargo significa quedar expuesto. Salir del sistema implica enfrentar investigaciones, denuncias y expedientes que hoy duermen en cajones oficiales.
Por eso reforman leyes a modo.
Por eso capturan instituciones.
Por eso presionan jueces.
Por eso debilitan organismos autónomos.
Por eso atacan a la prensa.
Por eso desacreditan a la oposición.
Todo forma parte del mismo plan: no perder nunca el poder.
La 4T prometió acabar con los vicios del pasado. Hoy los ha perfeccionado. Prometió democracia. Hoy practica la imposición. Prometió transparencia. Hoy gobierna con opacidad. Prometió honestidad. Hoy protege a los suyos.
El poder absoluto no transforma, corrompe. Y cuando se combina con fanatismo, se vuelve peligroso.
México no necesita gobiernos que se eternicen. Necesita instituciones fuertes, contrapesos reales y ciudadanos informados. Necesita líderes que sepan irse a tiempo, no políticos que se aferren al cargo como si fuera un salvavidas.
Porque cuando un régimen solo piensa en perpetuarse, deja de gobernar para la gente y empieza a gobernar solo para sí mismo.
Por eso el comunista Marx Arriaga Navarro (venezolano y protegido de López Obrador) se aferraba al cargo de director de Materiales Educativos de la SEP.
La presidenta Sheinbaum finalmente pudo “sacudirse” a este personaje tóxico y perverso que tanto daño causó a niñas y niños mexicanos, por los errores en los libros de texto gratuitos cuyo contenido está contaminado por la ideología comunista.
Sin embargo, la mandataria afirmó que estos nuevos libros de primaria y secundaria no serán modificados. porque forman parte de la llamada Nueva Escuela Mexicana.