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![]() | Cecilio García Cruz Jesús te Ampare |
12 Dic 2025
En una intervención que quedará registrada en la memoria parlamentaria europea, la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo lanzó una definición tan precisa como incómoda para los regímenes populistas: María Corina encarna todo lo que ustedes desprecian. Y no exagera.
Primero, la verdad. Esa verdad que para los autoritarios resulta insoportable porque desmantela el relato, desnuda la mentira cotidiana y expone la manipulación como método de gobierno. La verdad es la némesis absoluta del populismo, que sobrevive únicamente cuando logra confundir, cansar o someter a la sociedad.
María Corina Machado no negoció la verdad; la puso al centro del debate venezolano aun sabiendo el costo personal que implicaba hacerlo.
Segundo, la justicia. Esa que —como bien recordó Álvarez de Toledo— ha sido manoseada sin pudor por quienes hoy gobiernan con pretensiones de legalidad. No lo dicen adversarios ideológicos, lo dice la Comisión de Venecia: el modelo de estos regímenes no cumple con los estándares democráticos europeos.
La justicia, cuando se convierte en instrumento del poder, deja de ser justicia. María Corina la reivindica como límite, no como herramienta.
Tercero, y quizá lo más incómodo para muchos: María Corina representa a las mujeres libres y fuertes. No las que se usan como ornamento político, ni las que son instrumentalizadas con fines electorales espurios, sino aquellas que deciden, confrontan y resisten sin pedir permiso. Mujeres que no aceptan ser cuota ni símbolo vacío, sino liderazgo real.
Por todo ello, María Corina encarna algo que los populismos temen profundamente: la paz civil. No la paz del silencio impuesto ni la paz del miedo, sino la paz que nace de la dignidad, del Estado de derecho y de la convivencia sin tiranos. Esa es la razón por la cual muchos mandatarios populistas guardaron un silencio vergonzoso cuando fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz. Entre ellos, la presidenta de México, que optó por mirar hacia otro lado, como si la Virgen de Guadalupe le hablara al oído para no pronunciar su nombre.
María Corina sí enfrentó a Maduro. Lo hizo sin armas, sin estridencias, pero con una valentía que expuso su propia vida. Lo arrinconó con lo que más duele a un dictador: la legitimidad moral.
El Premio Nobel fue una cachetada blanca, limpia, imposible de responder con represión sin quedar aún más desnudo ante el mundo.
Una cosa es María Corina Machado. Y otra, muy distinta, los populistas. No hay comparación posible. Ella representa la verdad frente a la mentira, la justicia frente al abuso, la libertad frente al sometimiento. Por eso incomoda. Por eso la atacan. Y por eso, precisamente por eso, representa la paz.